Durante mis primeros años de vida cuando me preguntaban: "¿qué quieres ser de grande?" solía responder con "forense". Principalmente porque miraba demasiadas series policíacas con mi mamá y me gustaba mucho imaginarme examinando huesos. Mientras más fui creciendo encontré más intereses, soy una persona que está en constante cambio y con agenda llena de tantas actividades extracurriculares que realiza pues encuentro satisfacción en saber un poco de todo.
Comencé a tocar piano a los ocho años y por un tiempo quise estudiar música, después comencé a dibujar y pintar y quería artes, de tanta lectura quería estudiar historia, filosofía y derecho era otra opción. Pero jamás por mi mente estuvo en querer dedicarme a la docencia, ni siquiera cuando mi mamá ingresó en el 2016 a la Escuela Normal Oficial de León. Quizá era porque aún tenía mi mente en otros lados que no podía ver el gran esfuerzo que ella dedicaba para estudiar y ser mamá de dos adolescentes.
Siempre he tenido afinidad con los niños más pequeños, encuentro más fácil dirigirme con ellos que con personas de mi edad, tanto niños de familia como ajenos a ello disfruto mucho platicar, jugar , respetar y cuidar. Durante la secundaria por parte de mi iglesia me invitaron a formar parte del equipo de maestros domínales a lo cual accedí. Nunca había dado clases antes, solamente me había encargado de explicarle a mis compañeros algunas dudas en ciertos trabajos y era muy bonito ver como entendían.
Después de unas capacitaciones comencé dando clases a bebés, posteriormente a peques un poco más grandecitos y actualmente doy clases a un rango de edad de 8- 9 años. Ha sido una experiencia muy edificante para mí el trabajar con niños de diferentes edades, encontrarles su modo de aprender para yo adaptarme y ver que sí funciona es casi mágico.
Fue ahí cuando me di cuenta que no me pesaba despertarme temprano los domingos, mi único día de descanso para ir temprano a dar clases, tampoco me molestaban las quemaduras de silicón en mis dedos pues mirar sus caras emocionadas al verlas hacía que valiera la pena. Desde supe que había encontrado mi vocación pero aún no descubría que enfoque quería tener.
Han existido dos personas con discapacidad que influyeron en mi decisión para Inclusión educativa.
El primero fue Sky, un compañero que tuve durante mi segundo grado de primaria en De la Vina Elementary en Texas. Sky sufría de osteogénesis (huesos de cristal), no podía caminar y utilizaba una silla de ruedas pero también siempre iba con yesos en las manos ya que no las podía mover pues se fracturaban. Recuerdo que nos dejaba dibujarle en sus yesos cuando nos sentábamos junto a él.
En una ocasión mi maestra Solís me apartó del grupo para preguntarme algo. Me pidió ayuda con los trabajos de Sky, quería que aparte de mis trabajos yo lo apoyara escribiendo lo que él quisiera escribir. No me negué. pues era mi amigo y aunque yo era aún muy pequeña para entender bien que pasaba con él sabía que era necesario el apoyo para que él también aprendiera.
Nunca esperé nada a cambio y aún así su mamá me agradecía mucho y la maestra también.
Jamás lo volví a ver después de ese año porqué me mudé a León pero sigue siendo una experiencia que me marcó completamente y estoy agradecida con quien lo haya puesto en mi camino. Influyó mucho en mi manera de percibir a las personas con discapacidad positivamente y es algo que me enorgullece de mí.
En secundaria tomé un pequeño curso sobre el sistema Braille, compré mi punzón y regleta y para mí fue fascinante como existía esta alternativa para la comunicación, no podía creer que fuera posible. También tuve acercamiento con personas ciegas durante esa etapa de mi vida y sí fue un poco más pesado para mí el ver a jóvenes y a más pequeños en esa situación pero entendí que no debo de enfocarme en mis emociones, debo hacer un cambio para favorecerlos a ellos.
Hace tres años tuve la oportunidad de darle clases en la iglesia a Pablo, un pequeño con Síndrome de Down. En un principio fue difícil para mí pues me sentía incompetente para darle una clase, no sabía como hacer para que él también pudiera entender, pudiera realizar las manualidades. Así que comencé a informarme y a llevar materiales diferentes, Pablo es no verbal pero a través de mímica lográbamos comunicar ciertas cosas y se le notaba más tranquilo. Aunque le gustaba hacer travesuras y se ría cuando me miraba recogiendo lo que tiró, no me molestaba porque era importante para mí que él no estuviera solamente sentado sin hacer nada mientras el resto de sus compañeros jugaban.
Fue así como hace un año decidí que quería dedicarme a ayudar a las personas que más han sido marginadas. No he tenido muchas aspiraciones durante mi trayecto pero el ayudar a los demás me hace sentir que mi vida vale algo y que tengo un propósito. Me gusta mucho la frase " People need to be told that they´re worthy of being alive by someone else or they can´t go on." pues para mí, mi motivación viene de las personas que me rodean y de su apoyo. Por ello comencé a estudiar Lengua de Señas Mexicana antes de siquiera sacar ficha para conocer sí realmente quería estudiar Inclusión e inmediatamente supe que sí. Me da una satisfacción que no puedo explicar en palabras el logar comunicarme con mis manos, es mágico y no lo cambiaría por nada del mundo. Considero que este paso que tomé fue el decisivo para mí.
Actualmente estoy estudiando algo que me hace feliz, que me hace sentir que soy digna de seguir viviendo. Y estoy emocionada por ver el camino delante de mí dentro de unos años.
Foto mía y de Sky.

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